Lorca descansa porque hoy ha venido Federico García, por Pepi Bauló

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Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.

Federico García Lorca

fotografía de @justinpbrownphotography

Nombre de pila

Acercarse a Lorca sin miedo a ser aplastados por el peso de un apellido mítico. Acercarse yendo a su encuentro sin extraviar el camino por culpa de los destellos de su leyenda. Federico García Lorca, escritor, poeta, dramaturgo, conferenciante,… brilló en vida por su obra y por su gracia. Por su obra hemos conocido su genio y dicen que el duende de su tierra le tenía bendecido con la gracia.  A veces también se ha querido sacarle brillo a su muerte acontecida en Granada, en agosto de 1936. Ahí me detengo. Ninguna muerte por asesinato brilla nunca. Siempre funde a negro.

A estas alturas, podemos reconocer ya que esa misma luz, como sucede con sus coetáneos y camaradas, Salvador Dalí o Luis Buñuel, impide en ocasiones un acercamiento sosegado. Impide llamar a las cosas por su nombre y a las figuras punteras de nuestra cultura por el de pila, que también lo tuvieron, como usted, como yo.

En España, donde, cuentan las malas lenguas, se lee poco y mal, se va al teatro poco y tarde, muchos (¿cuántos de verdad?) lo cuentan y lo cantan. Algunos, de entre esos cuántos, le hacen más grande cuando le recuerdan y le nombran.  Algunos consiguen que le veamos. No entero, es imposible ver a un hombre entero. Pero sí  pieza a pieza, pero sí a través de miradas y fragmentos, pero sí a pinceladas.

Con el montaje teatral Federico García del actor y dramaturgo mallorquín Pep Tosar, realizado en colaboración con Evelyn Arévalo, se añade un excelente retrato a la galería. Un retrato muy al natural. Nos sale a cuenta que así sea. Porque Federico, por muy fantástico que fuera, no vivió sabiendo que iba a ser Lorca. Aún siendo un individuo vitalista y enérgico, Federico vivió como se respira: sin darse mucha cuenta, como usted, como yo.

Este retrato lo aborda Tosar a través de un espectáculo híbrido que reúne varias disciplinas: música, cante, baile, texto dramático, escenas video documentales. Como hiciera con Guillem d’Efak (Tots aquests dois), Vicent Andrés Estellés (Poseu-me les ulleres) o Damià Huguet (Esquena de ganivet),  Pep Tosar se atreve a tomar varias riendas y tira de ellas para conducir su propuesta con tranquila autoridad.

En el Festival Grec de Barcelona de 2015, en la Sala Hiroshima, el espectáculo puso el cuenta kilómetros en marcha para salir después hacia otros escenarios. Pero la dificultad de mantener el elenco y las vicisitudes de la programación no le dieron continuidad de inmediato. Hubo que esperar hasta la primavera de 2017, a su reestreno en el Teatro Romea de Barcelona. Un mes en cartel. Un público que, de manera constante y creciente, se dejó las palmas de las manos aplaudiendo la obra.

Tosar y su compañía subieron al público a un último tren, como poniéndole en la tesitura del propio Federico que, en lugar de partir hacia México donde le esperaba la compañía de la actriz Margarita Xirgu, decidió volver a Granada de donde nunca volvió a salir. España en guerra civil, país del nunca jamás o del siempre demasiado. Pero silencio que…

 

… se abre el telón, baja la pantalla

En el escenario desnudo, tras escuchar la voz en off del poeta Vicente Alexandre hablando de  Federico García Lorca, vemos imágenes documentales proyectadas sobre una pantalla-telón traslúcida que lo abarca todo. Son fragmentos de entrevistas, efectuadas en el interior de un tren en marcha, con cinco expertos en la vida y la obra del escritor: Antonina Rodrigo, Juan de Loxa, Allen Josephs, Domingo Ródenas y Mario Hernández.  Y con Vicenta Fernández-Montesinos García (Tica), sobrina del poeta.

Tras de la pantalla de la proyección palpitan, perfecta sincronía, las venas y el músculo de la obra.  Entremezclados con el documental y otras imágenes alegóricas, a veces velados y otras revelados, aparecen: el propio Tosar recitando y cantando, la cantaora Mariola Membrives, el guitarrista Rycardo Moreno, el percusionista David Domínguez…  y el bailaor José Maldonado que encarna a Federico. Coreografías para la corta e intensa existencia de un hombre de su tiempo, que creció en el seno de una familia amorosa, que vivió la zozobra de la adolescencia, el despertar a la vida de la juventud, la pulsión creativa de una madurez primera… Una decena de escenas dispuestas en el trayecto que va de Granada cuna a Granada tumba, pasando por Madrid, Nueva York, Barcelona, Cuba… estaciones de la vida de un hombre que no sabía que su tren no era un tren, era el tío vivo de la muerte.

La banda sonora de ese trayecto es de una exquisitez que por sí sola justificaría el montaje, si el montaje hubiera de justificarse de alguna manera. Romance de las tres Manolas  por fandangos, L’home dibuixat, La leyenda del tiempo, La canción del fuego fatuo,… una colombiana como banda sonora de las imágenes de la gira de La Barraca rodadas por Gonzalo Menéndez Pidal. Y, momento jazzístico de la más bella negritud, la interpretación que del tema Strange Fruit hace Mariola Membivres.  Los cambios de registro de los que son capaces todos los miembros de la compañía siguiendo este guión musical son, sin duda, una de las bases del éxito de Federico García.

Los músicos se llevan matrícula de honor y Pep Tosar resuelve con hechuras de maestro su quíntuple misión de protagonista, coprotagonista, narrador, maestro de ceremonias y director de escena. Al mismo tiempo, el peso emocional de la obra recae sobre Mariola y José, la Membrives y el Maldonado.

Ella versátil en el abanico de temas bien diversos, del desgarro a la dulzura, incluso prestando cuerpo y voz al monólogo de Ana María Dalí sobre un Federico joven.

Él bailando los pasos en la vida del poeta, poniendo rostro al hombre… porque la expresividad gestual de este bailarín le permite también danzar con la sonrisa y con la mirada.

fotografía de @justinpbrownphotography

 

Teatro documental o cómo no perder el hilo

Es este un espectáculo de hormigas blancas e hilos rojos. De memoria y actualización. De rescate, de crónica de una muerte anunciada que todavía huele y duele como todo lo que permanece bajo tierra. Estiramos los hilos.

El tren como hilo conductor de los testimonios.

La palabra como hilo conductor de los fragmentos de su historia en la tierra.

La música y el cante como hilo conductor de las emociones compartidas.

El baile como hilo conductor  ¿de qué? De lo más difícil de mostrar sobre cualquier escenario,  de lo que no se alcanza a decir  y solo podemos intuir. El baile como hilo conductor de los sentimientos de Federico.  Luego ya vendría la leyenda de Lorca, pero en ese momento, alegre, triste, entusiasmado, anhelante, asustado, contenido, locuaz…, callado y solemne, Federico taconeaba sobre las tablas de la vida como todos. Como usted y como yo.  Hasta que un taconazo a destiempo y final le dicte la muerte y se comprenda asesinado.

Todos esos hilos juntos, sin enredarse, confeccionan esta tela dramática, la obra cuyo final no debería haberse escrito jamás, la obra que a caso sea necesaria, hoy más que nunca. Que todo esto valga para que, como sucede en la propuesta de Tosar, se recuperen textos menos conocidos o se crucen puentes hacia referencias nuevas.

Insisto.  A Federico nos lo han contado muchas veces, lo hemos estudiado, admirado, recitado, cantado, representado, interpretado, homenajeado… La memoria histórica sigue buscándolo… y al no encontrarle comienza la rueda otra vez. Su condena: morir temprana e injustamente pero sin morirse nunca. La nuestra: buscarle sin descanso y sin dejarle descansar.

La sobrina de Federico García

En el 81 aniversario de su nacimiento, esta obra viene a conmemorar muchos aspectos de Lorca y cada espectador entrará en esta obra a buscar el que más le atraiga. Yo, eterna estudiante de literatura española, en tiempo fanática lectora de la poesía de Lorca,  en  la actualidad espigadora en su biografía, fui al teatro como quien va a “hojear” unas páginas para corroborar y/o ampliar lo ya sabido.

Encontré a un Federico cercano, emocionante, completamente capaz de volverme a fanatizar. Pero me han de permitir confesar que me entretuve un buen rato en otro rincón de la obra, encandilada en la contemplación de otro retrato vivo. El de Tica, sobrina de Federico, hija de su hermana Concepción y de Federico Manuel Fernández Montesinos, último alcalde republicano de Granada, ajusticiado como el propio Federico.

Vicenta Fernández-Montesinos García era una niña cuando la Guerra Civil destruyó su mundo infantil y su hogar. En ella perdió a su padre y a su tío. Con ellos murió su infancia. También uno de los vínculos de Vicenta con la realidad. Cuando una infección de oído la dejó sorda, su tío poeta se dedicó a enseñarle la manera de seguir “escuchando” el sonido de la fantasía en cuentos y poemas, de no olvidar la melodía de las palabras. A través de las canciones infantiles que Federico escribía y escenificaba para ella, Tica, la niña sorda no pierde la banda sonora de su niñez. No pierde su mundo porque Federico lo convierte en poesía y en canción… Así era su tío Federico, un virtuoso que supo crear arte para sordos, ciegos, mudos…

A Vicenta, como a muchos niños de la guerra, nadie le explicó la verdad de lo que estaba sucediendo aunque muchas cosas no podían ocultarse ni siquiera a la inocencia de un loco bajito. Llegó el medio luto, los rostros serios, la casa y el jardín sin alegría, los viajes sin explicación… llegó un silencio más duro que el de la propia sordera. Con el paso de los años, Tica recogió sus recuerdos en un libro,  Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra (Editorial Comares, 2008).  Todos los estudiosos que participan del documental aportan datos valiosos sobre el escritor granadino, pero la figura de Vicenta, su testimonio de anciana con mirada de niña, que habla meciendo en cuerpo, como quien acuna recuerdos y se da impulso para contarlos, como quien recita una canción de corro infantil… me desarma. Ojalá que sepamos, como ella, reconocer cuándo nos asesinan las cosas más bellas que tenemos. Y, como ella, no dejar que se mueran.

Salí de la función enamorada de Tica, llena de ideas, con acaloramiento y ganas de hablar. Una mujer mayor que se había sentado a mi lado, con la que habíamos intercambiado unas palabras de cortesía antes de que se levantara el telón me comenta: “Cómo me ha gustado. Yo a Lorca lo había leído pero no lo había visto nunca así”. Es que a veces uno solo ve cuando siente.

Tica en el jardín, 1932 Archivo Fundación Federico García Lorca

 

Musa o duende

Lo dicho: hay tantas maneras de representar la figura casi mítica, cuando no folclórica, de Lorca. Para su mal, demasiadas veces Lorca se ha comido a Federico. El gitanismo, las cinco de la tarde, los guardia civiles, las cruces de navajas, las mujeres vestidas de negro, jinetes y lunas de surrealismo al uso en un cartel como para turistas del los 60. Luego está el Lorca intelectualizado, de congresos, documentales, estudios académicos. Que no digo que no, que digo que no solamente. Que pienso, con Tosar, que está bien que un día Lorca repose, que no venga, que descanse y que quien venga a la cita sea Federico García.

Pero eso tampoco se puede conseguir con solo decirlo, hay que buscar, trabajar, oficiar la comunión de miradas hacia el escenario y sucede si tiene que suceder. Si me quieren hacer confianza vayan a ver esta obra porque se ha concebido y puesto en escena por artistas que se arriesgan a ir a “despertar al duende en las últimas habitaciones de la sangre”.  Porque para un solo Federico hay muchos Lorcas y muchas musas que dictan y soplan pero él mismo nos lo dejó dicho: “la verdadera lucha es con el duende”.

fotografía de @justinpbrownphotography

 

Tres

y dos

y uno.

Los vi perderse llorando y cantando

por un huevo de gallina,

por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,

por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,

por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,

por mi pecho turbado por las palomas,

por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

 

Federico García Lorca. Poemas de la soledad en University Columbia. Fábula y rueda de los tres amigos

 

NOTA: Próximamente, la compañía de Pep Tosar, de la mano de Mika Project, llevará la obra de gira por diversos puntos de la geografía española. Más información.