El fotógrafo francés del carrito. Un paseo por la España de Jean Laurent. Por Teresa García Ballesteros

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La exposición “La España de Laurent (1856-1886). Un paseo fotográfico por la Historia” es uno de los acontecimientos sobre la fotografía histórica y documental que ha sucedido en los últimos años en nuestro país. Organizada por el Instituto del Patrimonio Cultural de España y comisariada por Pablo Jiménez, Óscar Muñoz y Carlos Teixidor, puede verse hasta el próximo 31 de marzo en la Sala Guitarte de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Jean Laurent, de origen francés fue tanto un fotógrafo excelso como un vendedor genial capaz de convencer de que sus productos eran los mejores a dirigentes, políticos, reyes y comerciantes en una España y una Europa convulsa que pasó por algunos de los períodos más cambiantes de su Historia reciente. La historiadora del arte y experta en patrimonio fotográfico Teresa García Ballesteros, coordinadora junto a Juan Antonio Fernández Rivero de la Colección de Fotografía Histórica CFRivero, de cuyos fondos se ha nutrido también esta muestra, nos guía por esta época donde las imágenes nacían de la coyunda entre el colodión, la albúmina y el nitrato de plata. Pasen y vean.

 

Jean Laurent. Retrato del General Espartero. h. 1865. Albúmina (CFRivero)

La figura de Jean Laurent crece ante nuestros ojos cuanto más la contemplamos, este fotógrafo, omnipresente en cualquiera de las facetas visuales del siglo XIX, aparece en las galerías de retratos, en la fotografía topográfica urbana, monumental o panorámica, en las primeras instantáneas obtenidas, cómo no, en estereoscopias, en los personajes y escenas costumbristas, … ¡en el arte!

En realidad, hemos tenido la suerte de que siempre ha estado ahí, su ingente obra no se perdió, como ha sucedido en demasiados casos con los frágiles materiales fotográficos. Tenemos sus positivos, encontrar un Laurent no es demasiado complicado, fueron tantos los que se comercializaron a lo largo de más de cuarenta años que por sí solos nos devuelven gran parte de sus imágenes. Pero además la “Casa Laurent” no llegó a desaparecer del todo y de herederos a nuevos propietarios fue a parar ya en 1975 al Instituto del Patrimonio Cultural de España que lo conserva bajo el nombre de quien lo poseyó hasta aquella fecha: la familia Ruiz Vernacci.

Aun así, no es fácil compartir la magia de estas imágenes con el gran público, el interés por la fotografía patrimonial queda a veces reducido a grupos de estudiosos, coleccionistas y/o enamorados de estas imágenes en sepia que en ocasiones coincidimos en algunos foros. Pero en torno a Laurent alguien ha frotado la lámpara con tanta eficacia que ha despertado al genio, lo suficiente como para que el IPCE, el guardián de sus más importantes fondos, desempolve sus negativos, convoque a sus directivos, busque recursos en el Año Europeo del Patrimonio Cultural, llame a los coleccionistas, recabe colaboraciones, acuerde con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y haga posible que esta exposición nos acerque a La España de Laurent.

 

Y aunque es verdad que se ha escrito mucho y bien sobre la figura de Jean Laurent, me atrevo a afirmar que ha sido Maite Díaz Francés quien en esta ocasión ha hecho el ruido suficiente para que la exposición comenzase a gestarse. Y lo ha hecho nada menos que con una tesis doctoral sobre nuestro fotógrafo, editada por el Ministerio de Cultura (IPCE) con el título de “Laurent 1816-1886 Un fotógrafo entre el negocio y el arte“. A partir de su ingente trabajo las miradas sobre Laurent han cobrado aún más fuerza y es justo agradecer la sensibilidad que han tenido los comisarios de la exposición: Pablo, Óscar y Carlos, para captar esta importante necesidad y ofrecernos esta exposición panorámica y detallista, al mismo tiempo, sobre las obras de Jean Laurent.

 

Apresúrense si quieren verla, hasta el 31 de marzo de 2019 estará abierta en la primera planta de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, un edificio impresionante que custodia igualmente una impresionante colección de arte. La sala no es muy grande, pero gracias a una cuidada museografía nos va introduciendo en el mundo del fotógrafo a través de los diferentes ambientes de varias estancias de luz tenue, como corresponde a la conservación de las albúminas. Vemos recorridas sus paredes, empapeladas, con algunas de sus fotografías en toda la extensión de que son capaces, que es mucha, paisajes panorámicos del Guadalquivir, alguna ría del Cantábrico, un campamento militar a tamaño natural o los puentes metálicos del ferrocarril tras las vitrinas, en una gama de ámbar sepia y marrón, el color de las fotografías del XIX.

Nos recibe el “Carrito de Laurent” en tamaño real, una recreación asombrosa del laboratorio rodante que el fotógrafo paseó por media España, rodeado de alguna cámara, esta vez original, conservada gracias a un coleccionista, el Sr. Mur. Objetos y documentos, algunos papeles necesarios… y un botón ¿? Un botón de la levita del conserje de su prestigioso estudio en la Carrera de San Jerónimo, conservado gracias a una colección privada, la CFRivero. La exposición abre y cierra con dos breves documentales que muestran sucesivamente sus fotos y nos cuentan su historia, para descansar un momento del paseo.

Jean Laurent. Madrid, la Carrera de San Jerónimo el 6 de Febrero de 1862, al paso del entierro de Francisco Martínez de la Rosa. Estereoscopia en albúmina (CFRivero)

 

Y fotografías, fotografías en los diferentes formatos en los que la Casa trabajó: las tarjetas de visita o cartes de visite con los retratos de la familia real que le abrieron las puertas de la alta sociedad, los álbumes en los que se atesoraban estos retratos en tarjeta, importados de París, una auténtica cartomanía. Retratos anónimos en los álbumes muestrario que custodia el Museo de Madrid, o famosos como el del General Espartero que, según Publio López Mondejar, parece “comerse la cámara”. Estereoscopias sencillas y sorprendentes. “Vistas” (como a Laurent le gustaba llamar a sus fotografías de exteriores) en tamaño álbum: el gran formato de las albúminas monumentales y paisajísticas, España no sólo en sus ciudades o monumentos, sino también en aquel conjunto impresionante de las obras públicas, en un trabajo que repartió con José Martínez Sánchez, y que le llevó por carreteras, puentes, faros y puertos, canales y trazados de los nuevos caminos de hierro: el ferrocarril.

Jean Laurent. Puente sobre el Guadiana en Mérida (detalle). Albúmina. 1866/67 (CFRivero)

 

La luz de sus fotografías nos sorprende sobre el fondo oscuro en un montaje en abanico que recorre en semicírculo la última sala: monumentos en un medio plano de toda la geografía hispana. Laurent nos dejó una imagen de Iberia de norte a sur y de mar a mar que también incluye a Portugal, visitado por Laurent en 1869. Fue también un fotógrafo impresionado por el arte y consciente del papel que la fotografía había de jugar en la difusión y catalogación de las obras artísticas, fuese arquitectura, escultura, artes mobiliarias diversas y sobre todo pintura. Comenzando por el aún llamado Museo de Pintura en Madrid, no dejó nunca de penetrar en aquellos lugares que custodiaban las obras de arte, y de dejarnos constancia meticulosa y ordenada de sus tesoros.

 

Jean Laurent. Santander, faro del cabo Mayor (detalle). Albúmina, 1866/67. (CFRivero)

Laurent reflejó sobre todo una visión positiva de la sociedad española, destacando sus valores aún en estado de ruina, su fotografía hay que entenderla en el contexto del negocio fotográfico de su tiempo, en el que su más potente clientela se hallaba al otro lado de nuestras fronteras, de donde han regresado a nosotros gran parte de sus positivos… ¡Y es que esos coleccionistas no descansan! Hasta ocho colecciones privadas participan en esta muestra, además de los nombrados: Carlos Teixidor, Casa Postal, Juan Naranjo, Hernández Latas… al lado de instituciones como la Biblioteca Nacional, las Colecciones Reales, el Museo del Prado, la propia Academia de San Fernando o la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

(*): Las fotografías de este artículo son originales de Teresa Ballesteros (vistas de la exposición) o son del estudio de Jean Laurent pertenecientes a la colección CFRivero incluidas en la muestra.