Rodmaniana, por Josele Sangüesa

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¿Puede uno de los jugadores más folloneros y agresivos de la historia de la NBA convertirse en el hombre que abrió el camino de la paz entre Corea del Norte y los EEUU? Nuestro mejor analista de lo visto y leído en pantallas, redes y vídeos, el escritor y músico Josele Sangüesa mete su bisturí en las relaciones entre Dennis Rodman, Kim Jong-Un y Donald Trump en este divertido texto ideal para las tardes de verano. Aunque parezca mentira, es real todo lo que aquí aparece. Con ustedes, Rodmaniana, o cómo la realidad supera muchas veces el guión más absurdo de los Hermanos Coen.

 

RODMANIANA

 

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña. Como veía que no se caía fue a buscar otro elefante. Dos elefantes etcétera. Creo que es la primera vez que me pregunto sobre el significado de la vieja canción infantil. Improviso una respuesta urgente: la imagen informa de la fragilidad en que se sustenta todo lo que nos parece estable, sólido o, en fin, sin salir de la bestia selvática, gordo. Una oscura asociación me ha hecho recordar la cantinela después de ver un video de la CNN sobre la reciente reunión en la cumbre de Singapur entre los presidentes de Estados Unidos & Corea del Norte. Según el cual, el dictador Kim Jong-un vendría a ser el primer elefante que se balancea sobre la tela de araña de la geopolítica global. Y ha puesto como condición innegociable la presencia de un segundo elefante, el ex NBA tronado Dennis Rodman, para que llame a su vez a un tercero, Donald Trump, conformando así en el tejido arácnido la santa trinidad del balanceo en aras de una cierta, digamos, paz mundial.

 

Rodman, oh mygosh. Que su presencia ahí me haya llevado directamente a la tonada me recuerda que debo pasar un mocho impostergable por las catacumbas de mi mente. Ver con más precisión dónde quieren llevarme las conexiones que traman mis pasajes secretos. En segunda instancia, que mi interpretación inicial (la pamema de la fragilidad y todo eso) es más que insuficiente. La clave Rodman revela que la enseñanza que yo iba buscando en esa melodía debe basarse en un mensaje simple, conciso y frontal. Algo como esto: en la sala de mandos de todas las cosas, un disparate a tu favor es mucho más importante que todos los planes que hayas podido llegar a elaborar. Pues, te pongas como te pongas, según las últimas noticias y para sorpresa de analistas, portales de apuestas y echadoras de cartas, efectivamente Dennis Rodman es a día de hoy un disparate a favor nuestro.

 

El texto que adjunto pretende explicar la imagen siguiente: un hombre 56 años, 2 metros 1 centímetro, 3 piercings a la vista y una superficie cutánea politatuada de efecto visual equivalente al hackeo simultáneo de los archivos del MOMA & el Reina Sofía- rompe a llorar en una entrevista. Asimismo, intentará responder a las preguntas: Dennis, ¿qué pintas tú en Singapur? ¿Qué se te perdió en Corea del Norte? Vida, ¿ qué tienes?

Útil o no, la pesquisa es fecunda en paradojas. Cada nuevo paso me ha ido confirmando la condena dantesca: abandona toda esperanza (de comprender). Pero no por ello Dante dejó de rebañar con la mirada hasta el último sótano del mismísimo infierno de mano de Virgilio. Así que yo no habría de ser menos si es Rodman quien me guía hasta el fondo de no sé bien qué. Acaso un mundo raro, que diría el mariachi. Con tal de compensar el vértigo de un argumentario tan propenso al delirio, hube de imponerme una disciplina de línea clara , de higiene estructural. El cúmulo de dislates dispuso una dinámica constante de fogonazo entre brumas que me llevó a desconfiar de la luz misma. De modo que acabé por escudarme en la flema escéptica de aquel chiste sobre semiótica vial: la luz que ves al final del túnel siempre es un coche que viene en contradirección. Añadiré que no veo en esa luz nada distinto a un flash. Y que para mí foto es sinónimo absoluto de fotofinish, y por tanto de disecación. En tal trance, ningún empeño ha de ser más noble que haber representado en una imagen fija una cierta dignidad en el propósito.    

 

Vale, ¿y quién es Dennis Rodman? Una extraña combinación del Maradona tóxico, Coto Matamoros y, no sé, la Carmen de Mairena sempiterna. The freakiest show, la vida en Marte. A finales del siglo pasado fue campeón de la NBA en cinco ocasiones con Detroit Pistons & los Chicago Bulls de Michael Jordan. En aquellos tiempos compaginó su actividad profesional con fecundas incursiones en la noche americana. Pues eso, sustancias & circunstancias, nada que Truffaut tuviera que enseñarle a Dennis Rodman. Con ese cuadro hedónico, es comprensible que el polideportista se acabara doctorando en first dates, romances de un solo uso que habrían de consumirse en su propia primicia informativa. El CV del ícaro emocional va de un rápido escarceo con Madonna a un matrimonio con Carmen Elektra que dura una semana, a modo de ejemplo. Consciente de que la alteridad se le escapa entre las manos, opta por insistir en esa tendencia natural, hacer de la necesidad virtud y casarse consigo mismo. Vamos, o algo así. En 1996, para la promoción de su libro As bad as i wanna be, anuncia su boda, a la que se presenta solo y vestido de novia. Como es de prever, con el paso de los años fue cumpliendo uno por uno con los sacramentos canónicos de la trash celebrity: clínica de rehabilitación, sentencia por malos tratos, escenas con armas, polémicas en los medios, cameos en films, matrimonios ajenos y un fértil etcétera. De modo que su carrera fue basculando entre el Has Been & el Don´t let me be misunderstood. Con un pie en el juguete roto y otro en la reconstrucción perpetua de un puzzle psicotrópico con no más de cinco piezas, copypasteadas al infinito en eco exponencial. Una por anillo NBA y acaso por neurona.  

 

        

Pero reducir el retrato a la parodia sería limitar la perspectiva. Hay que buscar la dimensión de hondura en el perfil del freak. Hay que escuchar Stars, esa vieja canción de Janis Ian que Nina Simone cantaba como en trance. Para ser precisos, como si bailara sobre los cristales rotos de su propio espejo. Hay que atender al ritornello compasivo del salmo: People lost for fame / like athletes in a game / and they always have a story. (Gente a quien la fama echó a perder / como atletas en una competición/ siempre tienen una historia). Sí, quizás la mejor prevención ante el abuso del tópico sea recordar que el lugar común está comúnmente lleno de lugares. Genuinos, específicos, únicos.

 

 

Como los elefantes en la tela de araña, la personalidad de nuestro hombre se balancea entre lo rudimentario y lo complejo. Su carrera profesional se especializó en los aspectos destructivos del juego: el rebote, la anulación de las estrellas rivales, esos trabajos sucios que alguien tiene que hacer. Ser un consumado mamporrero y mantener a raya el underground del parqué le valió el apodo de El Gusano. Y le valió dos más: Rodzilla, El loco. Pero, por otro lado, la exposición de su imagen pública revela una desbordante creatividad. Gracias a ese talento performático, el retrato del exdeportista como perpetuo adolescente traza la silueta aproximada de un Dandy American Choni. Y es justo reconocer que en ese otro Rodman hay algo también de Arthur Cravan, Panamá al Brown o un blaxploited Oscar Wilde. Según profecía genealógica, y a un leve vaivén de piezas de Scrabble, Rodman es en efecto Random King. Impredecible, excéntrico, fanfarrón, errático y, sobre todo, muy emocional. Esta es la historia de cómo este tipo ha llegado a ser el algoritmo loco del que ahora depende el frágil equilibrio de la política internacional. Todo empezó el día en que fue a Corea del Norte y conoció a Kim Jong-un. Y tras mil aventuras, se acabaron convirtiendo en el Dúo Sacapuntas de la Paz Mundial. ¿Cómo pudo ser ? La mejor manera de empezar a contestar es transcibiendo esta entrevista del 11 de junio entre Chris Cuomo, presentador del noticiario nocturno de la CNN, y Dennis Rodman, the man himself. No tengo duda de que acabará marcando un hito en la cultura americana, igual que en su día los debates entre Gore Vidal & William Buckley, Buckley & James Baldwin, Chomsky & Foucault. Aunque a distancia antípoda, dan la medida exacta del tiempo en que transcurren. Adelante, vamos, esto es más grande que la vida misma.                                                                                        

 

Cuomo: Contento de verte de nuevo.

Rodman: Hey, colegas, ¿qué tal?

Cuomo: ¿Qué llevas escrito en tu gorra? No puedo verlo…

Rodman: Make America great again. (Slogan de Donald Trump). ¿Lo pillas?

Cuomo: Lo pillo, muchas gracias.

Rodman: (Risas).

Cuomo: Así que te has ido a Singapur. ¿Cuán importante es eso para ti? Hace tiempo que hablas de las perspectivas de paz, cuando conversamos hace unos años… ¿pensaste que llegaría ese momento?

Rodman: En lo más hondo de mi alma y mi corazón siempre me sentí muy honrado de ser seleccionado para ir a Corea del Norte … Cuando llegué no sabía nada de cuál era la situación allí, y cuando conocí a Kim Jong-un… A ver, no sé … but respect… No sabía quién era, lo que representaba, ni si era alguien importante … pero sabía que algo pasaba … Poco a poco fui conociendo la situación y la cultura del lugar y … bueno, lo fui sintiendo como mi hogar.

Cuomo: Tú conoces a los dos hombres … ¿en qué medida crees que puede haber un entendimiento entre ambos?

Rodman: Creo en el hecho de que Trump comprenderá el hecho de que los coreanos tienen… tienen corazón, alma, carisma, y se aman los unos a los otros. (Vaya, como Sting, Believe me when I say to you I hope the russians love their children too). Creo en el hecho de que Kim Jong-un y su familia entienden esto. Creo en el hecho de que el presidente Trump debe comprender el hecho de que (…) el mariscal de Corea del Norte (…) confía en mí. Le regalé algo por su cumpleaños…. Le dije, te voy a traer un equipo profesional de basket. Él me dijo: ¿puedes hacerlo? Por supuesto, le contesté. Y aunque sabía que no podía hacerlo, me dije: si fallo, esto va a ser un problema. Así que reuní a un grupo de gente, conseguí el apoyo de Pot Coin, mi sponsor (¡gracias por todo, chicos !), y conseguimos hacerlo. Entonces Kim Jong-un se acercó y me dijo Dennis, esta es la primera vez en mi vida que alguien cumple su palabra conmigo en mi país, y yo me emocioné, lo miré, y le dije ¿¿¿Cómo??? Espera, espera un momento…. O sea, ¿que nadie ha cumplido su palabra contigo en tu propio país? Sí, exacto, me dijo. Así que él apreció el hecho como una cuestión de confianza. En ese país la gente miente por costumbre, así que, si Trump va allí, pone su corazón sobre la mesa y permite que Kim Jong-un le vea, de un modo realmente emocional, tal como yo le hablo a él … dejando de lado la guerra, el odio, nada de lo que sucedió en el pasado o en el futuro… No, no, perdón, quiero decir en el pasado. Ahora voy a hablaros de Kim … Él está en el siglo veintiuno, intenta hacer progresar a su país, y Donald Trump va a hacer un gran trabajo si intenta conseguir (…) ¡América, nuestras manos siempre abiertas! (…) Porque hay mucha gente alrededor del mundo a la que hemos invitado a unirse a nosotros para ser felices. (…) Podemos lograrlo, si Trump saca esto adelante, más poder para él.   (Pausa en 3.51) .

 

Llegados a este punto nos va quedando claro que los dioses no honraron a Rodman con el don de la elocuencia. Su oratoria pixelada es la prueba palmaria de que, hablando en términos de estricta negritud, no estamos frente a un Martin Luther King ni un Derek Walcott. Una aproximación italoamericanoana al asunto hará que nos fijemos ahora en Chris Cuomo (47 años, ojos azules, corbata y traje negros, hombros anchos). Los sucesivos intentos fallidos de domar su rictus me parecen una obra de arte. Lo de menos será que fracase en su plan de disciplina facial, porque es mucho más lo que a cambio nos da. Mientras escucha, Cuomo se esfuerza en mantener ese gesto hierático de amable inmutable, pero cada nuevo despropósito de su interlocutor acaba provocando sutiles alteraciones en su rostro que, si bien imperceptibles al ojo perezoso, sugieren una matizada variedad de disposiciones de ánimo. Aplomo, contención -del pasmo o de la risa-, condescendencia, cautela y ¿por qué no? cariño. Es difícil evitar una cierta empatía hacia el entrevistado. Después de todo, la relación periodística entre ambos viene de largo. Han tenido acaloradas discusiones en directo y, de algún modo, la presencia de Rodman en la cumbre de Singapur podría interpretarse como una pequeña derrota del periodista, que él parece asumir sin problemas. Si según el poeta, en La Tierra Baldía abril es el mes más cruel (porque engendra lilas de la tierra muerta y etcétera), según el periodista junio ya es otra cosa. La tierra va al día y se puede reencarnar un Gandhi o un Mandela en quien menos te lo esperas.

Un último apunte de semiótica facial en Chris Cuomo. En 4.24 Rodman vuelve a pillarle con la guardia baja, y después de escuchar de su boca “Kim me dijo, mira Dennis, quiero que le digas al presidente de los Estados Unidos que quiero hablar con él” no puede evitar un arqueo de cejas que sostiene lo poco que queda de un mundo que se acaba. Pues aún se sorprende por cosas así.

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Imaginemos por un instante que la cara del presentador es la fachada de la Catedral de Milán. Y que una noche los chicos de la Fura dels Baus van ahí a proyectar sus vainas de videoarte de vanguardia. Al principio la fachada se extraña un poco, pero luego lo encaja, total, ¿qué va a hacer? Entre otras cosas porque el Gótico Italiano es muy sufrido, y por no decir una palabra más alta que otra, siempre acaba transigiendo. Quiero decir que, más allá de ese leve desliz en el arqueo de cejas, lo admirable en la actitud de Chris Duomo es su plena aceptación del cambio de paradigma. El periodista asume que ha de tratar cuestiones como el modo de evitar una Tercera Guerra Mundial con un tipo cuya única preocupación hasta anteayer fue deshojar la margarita entre centros de rehabilitación de la Costa Este u Oeste. Un tipo cuya única posibilidad de tutelaje que podíamos aventurar atribuirle era ser personal coach de choca-esos-cinco del Príncipe de Bel Air. Y mira, ahí lo tienes. Here to stay.

¿Cómo abordar el paradigma Rodman? Supongo que intentando explicar el anterior. El análisis de los hechos mundanos en secciones de información – deporte, sucesos, política- ya no funciona más. O no de la manera en que lo conocimos. Esos compartimentos estancos que nos servían para parcelar la realidad han difuminado sus perfiles. Bueno, y entonces ¿cómo aproximarse a este nuevo puchero de todas las cosas? Propongo dos conceptos : ciborg, sinestesia (unión de sensaciones procedentes de distintos  sentidos). Hay un tipo en Barcelona al que entrevistan más o menos una vez al año. Quizás lo recordáis por un peinado muy característico, como de media cáscara de nuez. O porque, como ciborg que es, del centro del cráneo le sale un apósito que vendría a ser como un mini dron, aunque a mí me sugiere más bien una rama.

El chico suele explicar sus vivencias con el palito totémico como una constatación cotidiana de la sinestesia. Por ejemplo, dice: acabo de paladear el azul y sabe a albaricoque. O he escuchado el aullido del olor del laurel. Atendiendo a una de las boutades más celebradas de Frank Zappa -escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura- en este nuevo paradigma de sinestesia absoluta no ha de ser extraño bailar sobre arquitectura, follar sobre cerámica, cocinar sobre deportes de riesgo ni, por supuesto, hablar de geopolítica con Dennis Rodman. (“Ay qué mareo, que ya no sé ni lo que veo, qué mareo, y ¿adónde se va por allí?”, Kiko Veneno, La Rama de Barcelona). Aquí: (3.51 en adelante)

 

Cuomo: ¿Se han dirigido a ti para mediar entre las partes?

Rodman: Llevo hablando con esos tíos los últimos cinco años.

Cuomo: ¿Qué “tíos”? (Acceder a hablar el idioma del otro no siempre implica comprenderlo, claro).

Rodman: Hablé con Kim y gente de su administración hace cinco años, nos sentamos a comer, y me dijo, mira Dennis quiero pedirte tres cosas, y … quiero que le digas al presidente de los Estados Unidos que quiero hablar con él. (Careto, cejas, principio, fin, paradigma). Y esto es totalmente cierto, tengo aquí a personas que pueden corroborarlo porque escucharon la conversación… Él me dijo cosas como: si ellos (los americanos) pueden sacar sus cepillos de Corea del Sur, haré lo necesario para escuchar. (Sí, eso es lo que dice, “move their shoes buff”, cepillos para abrillantar zapatos. ¿Ser el limpabotas de Corea del Sur? ¿Sacarle el brillo? No preguntarme más). Si vosotros (los americanos) os podéis mover o hacer ciertas cosas, os escucharé. Mis ojos estarán abiertos. Y yo intenté plantearle esto a Obama, y él ni me dio la oportunidad, ni siquiera una cita. Yo se la pedí, le dije tengo un mensaje de Corea del Norte y… ¡!!él me ignoró!!!! (Bueno , parece claro que el hombre vive mal su conflicto con el primer presidente afroamericano de la historia de los Estados Unidos de América. Pero, por un extraño oráculo oculto entre los títulos de las TV series, llegó Donald “Orange-is-the-new-black” Trump y estuvo un poco más por el bueno de Dennis). Pero nada de eso me detuvo. Insistí, mantuve la confianza en este (¿ese? ¿qué?) país. Por eso le repetía a todo el mundo: la puerta se abrirá.    

 

Cuomo: Sí, recuerdo que me lo dijiste, déjame que te pregunte algo…

Rodman: Es increíble, no, no, no, es increíble, IN-CRE-Í-BLE. Cuando decía eso, cuando decía esas malditas cosas… Al volver a mí país recibí amenazas de muerte, (llora) y yo creía en Corea del Norte, y ni siquiera pude entrar en mi casa, tuve que esconderme durante un mes entero. Pero mantuve la cabeza bien alta, hermano, porque sabía que las cosas iban a cambiar… Lo sabía… yo era el único que lo sabía …. Nunca tuve a nadie que quisiera escucharme … pero resistí, y aquí estoy, aún me mantengo en pie…. Hoy es un gran día para todos, Singapur, Tokio, China, todos… ( Y ahí empieza a mover los brazos con gracia inmaculada de novio del mundo, como esparciendo pétalos que cubrieran de amor todo aquello que tocan. Pues hoy) Es un gran día, estoy aquí para verlo y soy muy feliz.

 

Llegados a este punto (6.07) sería conveniente hacer otra pausa. Entre otras cosas, porque yo también tengo mi corazoncito. Y porque de puntillas y con pompa prestada, Rodman ha hecho alusión una de las más bellas melodías del soul de todos los tiempos, A change is gonna come, de Otis Redding. Que a continuación vamos a escuchar interpretada por Tina Turner & Robert Cray.

 

Es necesario abrir un paréntesis para explicar a qué se refiere Chris Cuomo cuando admite que, en efecto, alias Gusano predijo el feliz desenlace. El periodista alude a una agria discusión que mantuvieron ambos en su noticiario en el 2014. Y en la que Rodman proclamó por vez primera su profecía a los cuatro vientos -un día las puertas se abrirán-, justo después de enviar a la mierda al atildado speaker. Para poner en contexto esta entrevista, y de paso aportar algo de luz sobre el meollo del asunto -qué demonios pasó entre alias Gusano & Kim Jong-un- hay que remitirse a este documental, Dennis Rodman en Corea del Norte.

 

Resulta que un día lo llaman y le proponen jugar con los Harlem Globetrotters en Corea del Norte. Él dice que okei, sin tener una idea demasiado precisa de las circunstancias políticas del país. Ni imprecisa tampoco, para qué engañarse. Sostiene Gusano: “De repente se difundió la noticia de que iba a Corea del Norte, y se oían todo tipo de cosas feas. Que era un mal país. Que allí las personas eran secuestradas. No volverás nunca, todas esas historias terribles… Me dije, no me importa, ya he vivido cosas peores. A menudo he visto la muerte ante mis ojos, y esto tampoco me hará nada”. Así que se va para allá y participa en los gags gimnásticos de los Globetrotters. Digamos que con éxito. Tras lo cual el grupo es instado a una comida oficial con el dictador, que supone su primer contacto con Rodman. La historia contemporánea habrá de consignar que esa última semana de febrero del 2013 se puso la primera piedra del futuro equilibrio, la semilla del nuevo orden y la pe de la paz. Al despedirse de Kim Jong-un, Rodman, como Ulises a Penélope, le dice: regresaré. Eso me alegraría mucho, contesta Kim. Y así sucede cuatro meses después, cuando el postpívot consuma su retorno primero.

La segunda visita consiste en una estancia de una semana en la residencia estival del dictador. Rodman se deja confitar en el agasajo – “Todo era tan lujoso… Como un hotel de cinco, seis, siete estrellas”-. Con un pie en la ludoteca y otro en el geriátrico, celebra que la vida pueda ser un parque de atracciones personalizado. La secular habilidad oriental para la copia le ofrenda un Nuevo Neverland en que no le ha sido adjudicado exactamente el papel de Michael Jackson, sino más bien el de Macaulay Culkin: solo en casa de otro y encerrado con un solo juguete. “Nos hicimos verdaderos amigos”, resume Dennis.

Una nueva confidencia nos da la dimensión exacta de la importancia que tiene en esta historia el ritual de la despedida. Danza de seducción y secreto estuche de la cortesía. Escenario tácito de un sutil intercambio de signos en códigos si no indescifrables, sí crípticos y arcanos. Señales que anticipan cada nuevo paso, cada giro estratégico en la armazón de la trama, cada nuevo eslabón en la forja del vínculo.

 

Kim Jong-un: No me gustan los Harlem Globetrotters. Me parecen horribles.

Rodman: Me lo imaginaba.

 

A ver, no nos engañemos, los Globetrotters ya no gustan casi a nadie. Y un dictador, por joven que sea, supongo que sabe de notar en qué momento le cuelan pescado caducado, por así decirlo. Fake shit, vamos. Lo que Kim Jong-un reclama con cierta razón -y Rodman comprende- es una pachanga algo menos flagrante. Un partido canónico, o más aproximado a la verdad (¿occidental?). Acto seguido, el guante se deja caer de manera oficial. Un intérprete apunta la fecha de aniversario del mariscal, 8 de enero. Y nuestro hombre, con reflejos intactos de un pasado mejor, reacciona al instante y propone reunir un equipo “profesional” para la ocasión. En realidad, él no tiene nada a mano, y empezar de cero significa buscar a toda prisa un mecenas a la altura del reto. Es entonces cuando entra en acción Paddy Power, una empresa de apuestas irlandesa que ve una gran oportunidad comercial en la coincidencia de dos acontecimientos que, si bien no tienen nada en común, sí son excepcionales. 1) Por primera vez en 600 años se da la renuncia de un Papa – Ratzinger-, ante lo cual Paddy Power lanza una apuesta por su sucesión. 2)A Rodman se le ha metido entre ceja y ceja organizar un partido en Corea del Norte. Así que Paddy Power decide desarrollar sinergias entre ambos eventos, por lo que lo envían a pasear por Roma en un papamóvil creado expresamente para él, a modo de promoción de la gran porra sobre el nuevo pontífice. Cuyo slogan es YES, WE VATI CAN. Sí(c).

 

Ebrio del aroma de la flor de la ignorancia (o la indiferencia), Rodman no puede ni siquiera llegar a imaginar que su Little Vegas en Corea del Norte se esté convirtiendo en un serio problema para el gobierno de Obama. Entre otras cosas, porque un ciudadano americano, Kenneth Bae, lleva más de un año encarcelado en el país comunista sin cargos en su contra. O, por lo menos, no comunicados al gobierno de los Estados Unidos. Por si fuera poco, Jang Son Thaek, número dos del régimen y tío del dictador, acaba de ser condenado a muerte por alta traición. Un alto cargo de la administración Obama aparece en rueda de prensa para declarar que, bajo ningún concepto, nada que tenga que ver con las iniciativas de Rodman va a ser en su nombre.

Acto seguido Dennis comenta pues un poco la jugada desde la piscina de un hotel de Miami. Cierto asomo de gravedad en el semblante nos sugiere que empieza a hacerse cargo del alcance real del lío en que se mete. 9.17. Mientras expone los motivos de su quebranto -“Organizo un partido de basket realmente bueno al otro extremo del mundo. Nadie ha hecho eso antes. Jay Z, Beyonce…. ninguna de esas personas que son mucho más famosas que yo hacen lo que yo estoy haciendo”- rompe a llorar, cómo no. De más está decir que nuestro hombre es de lágrima fácil. Y pública. Ha llorado para Ophra Winfrey, para el Hall of Fame de la NBA, para la CNN… Lo cual no solo es un requisito esencial para ser un líder con proyección mediática, sino que le otorga un perfil marcadamente propio dentro del club selecto de los chicos malos.                                                

Si volvemos a observar la secuencia podremos percibir con claridad la gradual anunciación del llanto. El modo en que se queda callado y de repente es todo él un temblor que anticipa la irrupción del rapto lacrimal. Fiel a la inscripción que subtitula el Templo de Apolo -Conócete a ti mismo-, Rodman empieza a agitar los brazos en espasmos bruscos, como queriendo decir basta, vamos a parar que me conozco. Y diciendo exactamente venga, se acabó lo que se daba, final de la entrevista. Todo lo cual me mueve a una infinita ternura, y viene a confirmar que la cosa se le ha ido totalmente de las manos. Sí, el man tiene un marrón morrocotudo. Pero parece que igual va a tirarlo adelante. Quizás guiado por un sentido profundo de la misión inversa -no queréis que lo haga, pues lo voy a hacer-, o por ese impulso germinal que ha dado lugar a tan altos logros y que vendría a resumirse en esta otra inscripción milenaria: os van a dar a todos mucho por el culo. O porque igual no tiene nada mejor que hacer.

No puedo pasar por alto la alusión explícita a Beyoncé y su marido, Kay Z. Frente a quienes Rodman demuestra sentirse purito inframundo por ser la cara opuesta de su triste destino. Si la exitosa pareja es el mejor exponente de la aristocracia afroamericana durante la era Obama, los signos que rodean a Rodman – el sucedáneo bufo del slogan Yes we (Vati) can-, lo confirman como un paria, una marca blanca de la negritud. Mas todo es acicate para alias Gusano, que sigue soñando con hacer algo grande, sin saber aún exactamente qué. Y aunque sea a precio de poner en riesgo la paz mundial. Por si le faltaran tuneo y sucedáneos, veamos lo que los signos le deparan al respecto a una hipotética influencia en la historiografía contemporánea. Aquí. Vídeo del programa El Precio de la Historia. Su última ex mujer va a una casa de empeños y vende sus camisetas de gloria viejuna. ¿Qué fue del siglo XX ? Chicago Bulls + Detroit Pistons + Dallas Mavericks subtotal 4.300 dólares.

 

 

La siguiente entrega de los mundos de Dennis nos acerca al núcleo de la expedición, encargado de las labores de intendencia o, dicho en el argot del shobizz, producción ejecutiva. Completan la nómina el asistente personal de Rodman + un ejecutivo de Paddy Power + “un científico que ha adquirido el viaje en un evento de caridad”. La chaladura que se le presupone a toda gran empresa hace que algunos -y más si tienen un mínimo espíritu científico- prefieran optar por el anonimato. Esta nueva incursión consiste en organizar una serie de entrenamientos que permitan determinar el nivel del basket local, que resulta ser bastante superior a lo previsto. Incursionando a su vez en el parqué, podemos ver a Rodman dando indicaciones a los chicos, a medio camino entre coach expresionista y el mimo motivado . Y así el tercer viaje transcurre sin otra novedad que la no comparecencia de Kim Jong-un. Básicamente por estar ocupado en el último viaje de su tío, Jang Son Thaek, que es ejecutado el 12 de diciembre. Medios oficiales chinos difunden el rumor de que fue devorado por 120 perros hambrientos. Los efectos de la noticia se desencadenan: el sponsor irlandés abandona el proyecto, mas contra todo obstáculo el show debe continuar. Ahora se nos muestra el elenco de jugadores reunido para la ocasión, básicamente una selección de jubilados de diversas ligas: NBA, universitarias , incluso europeas . Pese al aspecto desgarbado del outlet, en el grupo brilla con luz propia Charles Smith. No solo por presentar una admirable hoja de servicios, -fue una pieza clave en los mejores Knicks de las últimas décadas-, sino por ser la némesis perfecta de Rodman en lo que a prudencia, equilibrio y cordura se refiere.

 

Durante el cuarto y último viaje (enero del 2014), la polémica en los Estados Unidos está en su punto álgido. Así que, cumpliendo con el destino agónico de todo protagonista, Rodman se dedica a rebajar la tensión pimplando como un cosaco desde que pone los pies en el avión. Una larga lista de antecedentes tóxicos parece confirmar los peores presagios. Según la agenda prevista, al día siguiente los dos equipos rivales llevarán a cabo un entrenamiento conjunto a las diez de la mañana. Se supone que los americanos deben instruir en los secretos del juego a los anfitriones. El aspecto de Rodman es cuanto menos inquietante. Durante todo este tiempo ha sido frecuente verlo en la cancha con puro, gafas de sol y una colorista colección de fulares. Si a ello le añadimos un aproximado atuendo deportivo, podremos concluir que el postpívot tiene un pie en cada lado de la línea que separa el chándal campeón del chándal yonqui. Imagen análoga a aquella bella escena de Donnie Brasco en que un grupo de hombres y mujeres en ropa de calle beben y fuman mientras juegan al tenis, gozando de una especie de locus Amoenus en Miami Vice. Con una euforia recreativa que disuelve la dualidad entre lo dionisíaco y lo apolíneo, el deportista y la barra brava y, por qué no, entre los dioses y los hombres.

 

 

 

 

Pero volvamos a esta peli. El resto del equipo, viendo lo que hay, decide coger las riendas del entrenamiento y de la situación en general. Horas más tarde, en la vigilia del partido, tiene lugar la bronca entre Chris Cuomo y Dennis Rodman.

Las cámaras muestran al grueso del equipo sentado en doble fila en el salón de un lugar impreciso, una sala de hotel o una sede estatal. En el bien entendido de que en Corea del Norte todo lo es, embajadas aparte. Contra pronóstico la cosa empieza bien, pues es Charles Smith quien se erige en portavoz del grupo. Su tono y manera de medir las palabras confirman que está al tanto de la gravedad de la situación. Y que, además de saber capearla, eventualmente podría desactivar a tiempo la bomba Dennis Rodman. Tras su primera frase -“Recibimos una invitación del Comité Olímpico de Corea del Norte…”- es interrumpido por la voz de lija de Capitán Bolinga, sentado a su izquierda. EEAAGGRR… Un gruñido, un carraspeo, un sonido impreciso que es el anuncio cierto de la gran tempestad. Entonces Smith, en un alarde de sobriedad y delicadeza, pasa la mano por la espalda de Rodman y dirigiéndose a su interlocutor, Chris Cuomo, apunta: “En los tiempos en que competí contra él, Dennis nunca me gustó. Pero desde hace tres años somos como hermanos, I mean…. Lo hemos pasado muy bien juntos, hemos hecho grandes cosas”. Lo cual hace que Capitán Bolinga estalle en una carcajada estruendosa y ofrezca luego un fraternal gimmefive. Por fortuna para todos, Charles Smith is in da house y, si Rodman no lo impide, en ese mismo instante y en riguroso directo para la CNN, el mundo entero aún no ha saltado en pedazos. Una vez esquivada la interrupción, Smith continúa con su discurso: habla de dibujar una sonrisa en el rostro de los niños, dejar huellas imborrables en la memoria de la gente y otros lugares comunes de la beneficencia deportiva. Acto seguido subraya que, bajo ningún concepto, debe verse intención política en sus actos. Usa después otra palabra clave: conectar. Una más: interactuar. Aunque los jugadores norcoreanos saben que ellos ya están retirados, les han hecho multitud de preguntas sobre la vida profesional del deportista de élite. Preguntas a las que ellos, con amor y pedagogía, han sabido responder.

 

Desde Nueva York Chris Cuomo dosifica el feedback con Smith, alternando mesura y generosidad. Aunque están pisando sobre un campo minado, sabe que es el máximo exponente de lucidez en el grupo, así que aprovecha para formular con tiento ese viejo sintagma del periodismo hablado: desde aquí seguimos con gran preocupación…

 

Cuomo: Entiendo lo que quieres decir (…) pero creo que esto es más complicado que el basket.

Smith: Usted dice que es más complicado que el basket. El basket no es complicado para nosotros. No estamos aquí para complicaciones.

 

Pero luego de pronto todo en ti fue naufragio y many rivers to cross fue from lost to the river. Capitán Bolinga empieza a despertar. Quizás la mezcla de alcohol y pastillas haya esbozado en su campo de visión un espejismo de autocontrol que pueda explicar el súbito golpe de timón en el gobierno de la nave. Lem.me lem.me lem.me, dice, dejadme. Luego la traducción se hace más confusa ahí donde Rodman repite Don´t fight him (No te pelees con él). Pues no queda muy claro si se lo está diciendo a su compadre Smith o en cambio lo protege del presentador, a quien advertiría: no te metas con él. En cualquier caso, acaba concluyendo “Que ya lo hago yo”. Y todo explota en 4.40.

 

Cuomo: Hemos visto que tienes una relación con Kim Jong-un, por la razón que sea. ¿Vas a hablar con él en nombre de la familia de Kenneth Bae, vas preguntarle por qué está en prisión, vas a explicarle que está enfermo?

Rodman: Uououo uonono … una cosa de política Kenneth Bae hizo algo, no sé si lo entiendes … ¿Entiendes lo que hizo? Si entendieras lo que hizo Bae en este país …

Cuomo: ¿Qué hizo?

Rodman: Nononono, dímelo tú, ¿qué hizo?

Cuomo: No sabemos qué cargos hay contra él.

Rodman: Me encantaría hablar de eso (Silencio. Expectación). He aquí diez hombres. Diez hombres que aman a sus familias … que aman a sus malditas familias … Estos diez hombres que… (como doce apóstoles, como con ocho basta, como los siete magníficos, como los fab four, como I am the one) han venido a este país en Navidad para desarrollar un proyecto deportivo … ¿puedes entenderlo?  

Cuomo: Lo entiendo y lo aprecio.

Rodman: NONONO, NO ME IMPORTA UNA MIERDA LO QUE TÚ PIENSES. SOLO TE DIGO MIRA, MIRA A ESTOS HOMBRES, HAN VENIDO AQUÍ, MÍRALOS…

Cuomo: Lo único que intento decirte es que nadie ha comunicado los cargos que hay contra Bae. No uses a esos chicos como escudo, Dennis.

Rodman: ¿Eh ? ¿Eh? ¿ Como escudo? Déjadmelo, dejádmelo a mí (Lem.me do this).

 

El aguijón certero del uyloquemehadicho ha dado donde duele, sus chicos. Pero cuando todo debiera apuntar a un punch frontal como respuesta, Rodman nos sorprende con un inicio de plegaria.

 

Rodman: People around the world (Around the world…) (A la gente de todo el mundo (de todo el mundo…)

 

Que así, de sopetón, solo puede ser preludio de 1)Arriba esas manos, a ver esas palmas, o 2)El más refrescante (Al mundo entero) quiero dar un mensaje de paz. Silencio. Tras el asomo de homilía, encara el cuerpo a cuerpo.

 

Rodman: Tú eres un tío detrás de un micrófono … Y nosotros somos unos tíos aquí haciendo algo (La vieja dialéctica : eres el periodista, somos la noticia. Tú la literatura, nosotros la vida). Pero luego tendremos que regresar a nuestro país y aguantar todo tipo de ataques … ¿Y tú? … ¿Vas a tener que soportar el ataque de alguien? Eh, pero … ¿sabes qué?

 

Nuevo silencio. No se le puede negar una insólita pericia en el manejo del caos. Oh Capitán mi capitán, sí, tú, predicador del trueno y la tormenta. Más silencio. Y ya finalmente, erguido el dedo índice como cetro de énfasis, Dennis Keith Rodman –  puro apagado, gafas de sol, tres piercings a la vista; un fular azul, metal en las hombreras, gorra gris- proclama solemne:

-UN DÍA (UN DÍA ) LA PUERTA SE ABRIRÁ.

Amén.

A lo cual solo cabría añadir las palabras de los apóstoles Javier Corcobado, Nino Bravo & Gene Pitney. Y con ellos cantar: Entre mis sueños yo me vi / de pie / en la nueva calle / buscando la puerta del amor / Y yo ya no sufrí / al ver/ que esa puerta se abre/ Hoy siento dentro de mí/ el amor.

Amén.

Y si hay alguien en la sala que quiera decir algo pues que hable ahora o calle para siempre. En efecto, ese solo puede ser Capitán Bolinga, que dos días después emitió una nota informativa pidiendo disculpas y atribuyendo su airada reacción a un consumo excesivo de alcohol.

Amén.

 

 

 

Según lo previsto, el 8 de enero, aniversario del mariscal Kim Jong-un, se celebra el partido. A su entrada al pabellón, el público se pone en pie y prorrumpe en largos aplausos de entusiasmo marcial. Tras unos minutos, el mariscal debe insistir con gestos enérgicos para que amaine. Entonces Rodman encara el micro y le presenta sus respetos en un breve discurso: “Él es un gran líder, él se preocupa por su gente y, gracias a Dios, ustedes aman a su mariscal”. Acto seguido entona un Happy birthday algo desabrido que recuerda al Happybarry de Carmen de Mairena más que a ninguna otra cosa. Por primera ocasión en abierto para la audiencia de Estados Unidos, Rodman incurre en la ignominia de inclinarse frente al dictador. Como apuntaba Smith, probablemente no le mueva a ello ningún motivo político. Tras el impulso inicial de la aventura y ya sobre el terreno, quizás solo le guíen móviles bastante más prosaicos: la inercia de la resaca, un mínimo sentido de la adaptación al medio o ese apego a la zona espiritual de confort que ilustra tan bien el viejo dicho: virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

Pero vayamos al partido. Pronto nos queda claro que Dennis no se aguanta los piercings. Juega unos minutos y se retira del partido. Se ducha y se sienta en el palco junto a Kim Jong-un. No pudiendo participar en el parqué de su combinado, mejor se pide otro mientras va comentando los lances del juego con el traductor. Al instante le sirven un brebaje naranja en un vaso de tubo. Por lo que respecta a las evoluciones en el terreno de juego, desde buen principio Corea del Norte le gana al equipo de casados yanqui, que demuestra que ni es exactamente un equipo (pues ha sido creado para la ocasión), ni es profesional (todos están retirados de la alta competición). Con crueldad exacta, la CNN los define como “panda de oldtimers”. En cualquier caso, sí dan una imagen algo más fidedigna del basket canónico que los Globetrotters. Al final de la primera parte los casados americanos van perdiendo de poco contra los solteros norcoreanos, por así decirlo. Y aunque cabe la posibilidad de que se hayan dejado ganar por cortesía o un cierto apego a su propio pellejo, las imágenes parecen sugerir lo contrario. En la segunda parte se mezclan los equipos como signo inequívoco de concordia ecuménica. Desde Estados Unidos la hermana de Kenneth Bae declara: “Aquí no hay ningún tipo de diplomacia, solo partidos a expensas de mi hermano”

Días después el equipo americano es invitado a una residencia del mariscal en las montañas, pero Kim Jong-un no hace acto de presencia. Rodman se ha bebido hasta el agua de los bonsáis y no es recomendable fotografiarse junto a él. Antes de regresar, varios jugadores manifiestan frente a cámara ser conscientes de que la expedición puede acabar pasándoles factura en su propio país, hecho que asumen con estoicismo olímpico. El 19 de enero el Chicago Tribune informa de que Rodman ha ingresado en una clínica de desintoxicación. El de 8 de noviembre Kenneth Bae es puesto en libertad.

 

Regresemos. Han pasado cuatro años, es verano, y entretanto han cambiado algunas cosas. La Casa Blanca tiene nuevo inquilino y Rodman nuevo sponsor. Pero lo relevante en la cuestión que nos ocupa es que, contra todo augurio, ha resarcido su imagen pública desde que se lo rifan en la cumbre de Singapur. Un giro del destino puede haber convertido su antigua bajeza (apócope oportuno de bajar la cabeza ante el tirano) en un acierto estratégico. Más allá de eso, lo único que permanece inalterable es la americana negra de Cuomo y el liderazgo del mariscal norcoreano. Sigamos entonces con la entrevista del 11 de junio pasado. Condensaremos en breves fragmentos las últimas reflexiones del pequeño gran Dennis:

 

Rodman: Por lo que a mí respecta, esto no tiene nada que ver con el dinero. No quiero que haya odio.

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Kim Jong-un es un gran chico, le gusta pasárselo bien. Lo he visto esta mañana, haciéndose selfies y tal. Él quiere viajar a los Estados Unidos. Él quiere pasárselo bien y que su gente se lo pase bien, disfrutar de la vida.

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Su secretaria me llamó y me dijo: Dennis, Donald Trump está orgulloso de ti.

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No va a haber guerra. No necesitamos ningún milagro. Hagamos del mundo un lugar mejor, baby. (Sic) .

Cuomo: Bueno, es probable que sí necesitemos algún milagro (…) El dictador Kim Jong-un es responsable de muchas muertes.

Rodman: No sé nada de política. Oye, ¿puedo hacer una dedicatoria?

 

Cuomo, de sobras sabedor de que todo es posible con Dennis, le dice adelante.

 

Rodman: Se lo quiero dedicar a la gente que me ha apoyado en todo momento, Darren, Prince, Boe… todos los tíos que me acompañaron a Corea, Chocdelia, Phil Jackson, Jennie, Bus… A mis hijos, que siempre han estado junto a mí pese a los altibajos… y sobre todo a mi patrocinador Pot Coin.

Cuomo: Ya, ahora te pillo. La verdad es que vas hecho un pincel. Pot coin en la camiseta, Donald Trump en la gorra

Risas.      

El nuevo paradigma se muestra en su expresión más pura. Alias Gusano vive su insólita mediación en la cumbre mundial como si hubiera ganado un talent show, algo a medio camino entre X Factor y una operación rescate para viejas glorias, que igual podría llamarse Dinosaur Resucitator que I still do.

 

Rodman: Hey tíos, gracias, por tenerme con vosotros … Voy a seguir haciendo cosas importantes, seguidme.

Cuomo: Me alegro de que estés con salud. Sé que has vivido tu propio journey (¿ travesía, periplo, infierno?). Cuídate.

Para que todo fuera perfecto, ahora solo faltaría un mensaje escrito en la parte inferior de la pantalla que dijera Si quieres que no haya guerra envía tu mensaje al 456. Y luego otro. Si quieres que no haya guerra y además Kim Jong-un se cambie su peinado de Cabeza borradora envía tu mensaje al 457. Pero sucede algo aún mejor cuando el speaker da paso a un nuevo invitado. (15.08).  

                          

Cuomo: Aquí estoy junto a James Clapper, antiguo director del Departamento de Inteligencia Nacional Americana, y Dennis Rodman, también conocido como El Gusano por su forma de jugar a basket. A día de hoy él es nuestro principal recurso para entender la mente de estos dos hombres, especialmente Kim Jong- Un. Cosa que me parece, como mínimo, bizarra.

Clapper: Completamente de acuerdo…

Cuomo: El mero hecho de estar diciéndolo ya me resulta delirante.

Clapper: Sí, exacto. Delirante, bizarro…. Todo esto está fuera de lo convencional. Yo no conocía a Rodman, acabo de escuchar tu entrevista con él … Créeme, hay algo más profundo de lo que parece a primera vista. Él entiende a Kim Jong-un. Por raro que parezca, ninguno de los especialistas tenemos ni los contactos ni los conocimientos que él tiene sobre esta materia.  

 

El alto dirigente es también sensible al nuevo paradigma. Que, desde su campo específico de acción, podría ser formulado como El factor geoestratégico del freak o La importancia de la mascota diplomática. Total, que ahora todos aman al bueno de Rodman. Que la paloma de la paz no era solo la rata del cielo sino que en realidad era el gusano del parqué. Se equivocó la paloma se equivocaba, no, no, no. No se equivocaba una mierda. Quien se equivocaba era Obama, era Cuomo, ¡!!el puto mundo entero!!! Entendido, vale, nos quedó bastante claro. El clamor del postpívot atraviesa el texto. Pero ahora no es momento de lamentación, sino de júbilo. Clapper acepta implícitamente todas las posibilidades retrospectivas que pudiera abrir el caso. ¿Podría haberse evitado la 2ª Guerra Mundial si Churchill hubiera llamado a Hitler y le hubiese dicho Supercalifragilisticuespialidoso? ¿Haberse abortado el 11-S si los pilotos le hubieran preguntado a sus secuestradores pecador, te da cuén? Es más que improbable. Pero es lo que sugiere el caso que nos ocupa. No sabría decir si la última frase de Clapper obedece a un ardid diplomático: “Es mucho más profundo de lo que parece a primera vista” (Deeper than meets the eye). En cualquier caso, es una oportuna lección de historia del arte que viene a recordarnos el origen del término grotesco (de grutesco, oculto en una gruta). Y un modo de aceptar que es imposible entender la realidad -o intervenir en ella- ignorando lo torcido, lo extravagante o lo bufo. Categorías tras las que la realidad se embosca para seguir urdiendo su trama. Y así, como suele ocurrir en los finales felices, de pronto todo encaja.

 

              

Cualquier conclusión adicional habrá de dejarse en suspenso. Ni la visión más optimista puede obviar que, por feliz que queramos dibujarlo, el final del relato aún no ha sido escrito. Mientras Corea del norte sigue invirtiendo en su arsenal de armas nucleares, es verosímil pensar que Trump haya usado a Rodman menos como recurso de política exterior que como fontanero de asuntos internos: para desprestigiar al partido demócrata. Tirando del hilo, cabría añadir un tercer factor que ayuda a entender el paradigma Rodman: el argot. Hay una anécdota que sí se atribuye a Churchill. Tras declararle la guerra a Alemania, considera de vital importancia transmitir mensajes a su población para infundirle ánimos. Así que decide aparecer en todas las fotos haciendo la V de victoria. Tras verlo en las portadas, su secretaria le informa del mal uso del signo. Cierra la mano hacia adentro, lo que significa Jódete. El gesto de victoria hay que hacerlo al revés, hacia afuera. Churchill lo corrige. En tanto que aristócrata, es creíble pensar que desconociera el argot de la calle. Tiene un mensaje muy claro que dar a su gente, pero no sabe cómo. Por su parte, es probable que Rodman no tenga nada que decir, ni a sus paisanos ni al mundo. Pero sabe cómo. No es que conozca el argot, es que es el argot. Y por eso Trump lo amortiza a su antojo.

 

 

La explicación del vínculo inicial entre el exdeportista y el dictador es simple: de niño, Kim Jong-un era un gran aficionado a la NBA. Su infancia coincidió con la época dorada de los Bulls, o sea de Rodman. Aunque su idolatría se proyectó sobre Michael Jordan, que fue invitado a Corea del Norte por King Jong Il, padre del actual mariscal. Jordan declinó la invitación, de lo cual podría colegirse que Rodman sigue haciéndole el trabajo sucio. No sé si esa fascinación por el basket sería atribuible al fulgor de nuevo mundo que el espectáculo occidental anuncia. Es la explicación habitual que se da a la acogida de los productos de la industria del ocio capitalista en los países comunistas. ¿Sería ampliable ese fenómeno a su clase dirigente? Es posible. Lo que es seguro es que, pasados los años y por decreto dinástico, el niño que rendía culto a la NBA acabaría siendo el responsable de mantener la diferencia entre esos dos mundos. Con lo que implica en su caso de autarquía, impunidad, vulneración sistemática de derechos humanos. Incluso de las propias reglas del basket. Según decreto de Kim Jong-un, en su país los mates valen ahora tres puntos y los triples limpios cuatro. Pero eso no deja de ser un relato paralelo. El origen de esta historia es que un día se le apareció uno de sus ídolos de infancia en carne y hueso. No le importó lo ajados que estuvieran. Y el resto ya es historia de la política pulp contemporánea.

 

Por eso las lágrimas de Rodman tienen algo de sangre en el pañuelo de una virgen gitana, de fin de la inocencia. Y lo que se escucha tras el puro de las lamentaciones es la queja doliente por una verdad amenazada. ¿Este no era el juguete que habíamos inventado? ¿No era nuestro hechizo para el mundo? ¿Los neones, las camisetas colgadas del techo, el concurso de mates, las emisiones por todo el planeta? Un paseo por los slogans de la NBA (I love this game , It´s Showtime , I´m why -es mi razón de ser-) pueden dar una idea de hasta qué punto esa euforia unánime nunca albergó dudas. Por eso nuestro hombre no se cansa de repetir: ¿No habíamos quedado en que este era el argot universal? ¿Que es el azar de un juego lo que mueve el mundo? En virtud de eso un día fui no sé dónde, no recuerdo qué hice y funcionó. El resto es complicado y no lo entiendo.

 

¿Qué podemos aprender de todo esto? Así termina Quemar antes de leer, de los hermanos Coen. La historia de unos pícaros que intentan sobornar a los servicios secretos con una presunta información reservada perdida en un gimnasio. En lo que a cúmulo de disparates se refiere, la trama está a la altura de la de Rodman, con la salvedad de que es una ficción. Finalmente el oficial que está al cargo del caso informa del resultado de las investigaciones a su superior, que le pregunta:

 

– ¿ Qué hemos aprendido, Palmer?

– No lo sé señor.

– Yo tampoco tengo ni puta idea. Ojalá nos sirva para no volver a hacerlo.

– Sí, señor.

– Aunque en realidad no sé ni lo que hemos hecho.

– Sí, señor. Es difícil de entender.

 

 

Pues eso. Después de haber escrito esta historia, también me es difícil aventurar conclusiones. No sé, quizás suponga un punto de inflexión en las películas de espías, obligadas desde ahora a que sus protagonistas sean una mezcla de James Bond & la Pantera Rosa. Pero no me convence. Eso ya sucedió con Austin Powers. Es preferible pensar que todas las hipótesis siguen abiertas. Y que todas son todas, claro. Además de una opción acorde al personaje, es un escenario estimulante para hacer volar la imaginación. Y visualizar ese futuro próximo en que Rodman revolucione la escultura conmemorativa, cuando las plazas de medio mundo alojen su efigie en posición de apagar el puro en un balón de basket. O ponga patas arriba la solemnidad de los discursos ante el Rey de Suecia cuando, al recibir el Nobel de la Paz, pronuncie estas cuatro palabras de agradecimiento: Os lo dije, madafakas.

 

(Gracias a Mayka Sánchez Herruzo, Pepi Bauló y Daniel González Mellado por su ayuda en traducción & edición).