Link Link Circus de Isabella Rossellini o la mujer ilustrada que cría aves, por Pepi Bauló

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Esta sociedad nuestra de cada día tiene una asombrosa capacidad de crear iconos a cada paso. Algunos cortocircuitan y devienen iconos iconoclastas. Es el caso de la actriz y modelo Isabella Rossellini, diosa de un glamour misterioso que desplegó durante años como modelo de alta cosmética o como musa de David Lynch. El pasado mes de marzo decidió estrenar en Barcelona la obra Link, link circus donde se disfraza, presenta cortometrajes científicos y habla con su perro Pan sobre los genitales de los escarabajos de Borneo o del lenguaje corporal de las gallinas. Entre los patidifusos espectadores del prodigio estaba nuestra bloguera Pepi Bauló que ha querido contarnos la obra y cómo se las gasta esa mujer madura, ilustrada y un poco gamberra en que se ha convertido Isabella Rossellini. Link, link circus está en gira internacional y en otoño habrá nuevas fechas españolas, por el momento, en Valladolid y, de nuevo, Barcelona.

 

Link Link Circus de Isabella Rossellini o la mujer ilustrada que cría aves

Por Pepi Bauló

 

Isabella Rossellini, animal escénico (Foto ara.cat)

 

Un extraño comienzo o tal vez no tanto

Fue un verdadero acontecimiento. Menos de cien personas en cada uno de los pases de su actuación en el Teatro Akadèmia de Barcelona. Ya me sentí privilegiada cuando un amigo Pere Vall, periodista y cinéfilo de pro, me anunció que estaba invitaba al estreno del nuevo monólogo de Isabella Rossellini en nuestra ciudad. Llegamos con más de una hora de antelación. No esperábamos nada, solo queríamos ser los primeros para saborear en encanto de la espera.

La puerta se abrió un par de veces para dejar entrar y salir a los trabajadores del teatro. Pero hete aquí que en un momento inesperado, como 15 minutos antes de que se abriera al público, una angelical figura se asomó al exterior. Salió lenta y pausadamente mirando alrededor. Nos vio y sonrió.

Era ella. La misma mujer cuyo rostro había decorado las paredes de mi habitación y mis carpetas de estudiante décadas atrás. Mi amigo, veloz cual centella, se acercó para pedirle una foto. Me pasó su móvil y disparé dos o tres veces sin ser muy consciente de lo que hacía. En pura lógica debí pedir también un retrato. Lo esperaba mi amigo y seguramente ella también. Pero no. Solo le dije gracias y farfullé algo así como “tranquila, entra tranquila e interpreta tu función”. Qué pava soy ¿no os parece? Pero verdaderamente yo no deseaba otra cosa. Verla actuar.

 

(1) Isabella Rossellini fotografiada por Robert Mapplethorpe, 1988. (2) Por Bruce Weber, 1982. (3) Por Steven Meisel para Dolce & Gabbana, 1989.

 

Bienvenidos al circo más pequeño del mundo

Fuimos recibidos en el pequeño teatro cuyo pequeño escenario no elevado estaba decorado como un pequeño circo o una habitación de juegos. Todo pequeño. Allí iba a tener lugar Link, link circus, una conferencia teatralizada que habla del comportamiento de los animales y su contacto con los hombres. La protagonista es una Isabella Rossellini muy poco maquillada y ataviada con un traje que imita al de un jefe de pista o maestro de ceremonias, con cierto aire de clown. Las piezas distintivas cosidas por encima de un traje más neutro, obra de la diseñadora Fanny Karst. Todos los detalles cuidadísimos y ninguno casual. Con gran economía de medios, la obra es capaz de transportarnos al reino animal y vegetal, al Olimpo de los naturalistas y sabios filósofos y al Árbol de la Vida en una hora quince minutos. Pido atención para ese traje, mantenedlo en la mente porque, como desvelaremos más tarde, tiene tela.

La conferenciante no está sola. Aparecen alternativamente Minnie y Darcy, los perritos de Isabella que “interpretan” a Pan, el perro que “interpreta” a cinco animales diferentes. Ay, no tendría que haber puesto esas comillas impertinentes. Ni a Isabella ni a Pan les hubieran gustado. Pareciera que ponen en duda precisamente lo que la obra trata de plantear.

 

Ella tenía una granja en Long Island y la tiene todavía

“Cuando eres una señora mayor como yo, haces que te viene en gana”, bromea Rossellini, a sus 65 años. Dicho y hecho, Rossellini saca un cartón con huevos del bolso. «Mira qué bonitos son. Con formas distintas, tamaños diferentes… ¿Cómo se explica que los del súper sean todos idénticos? Se ríe. ¿Han logrado que todos los agujeros del culo de las gallinas sean del mismo diámetro?” (XLSemanal, 6 de mayo de 2018)

Con esta soltura y simpatía se expresa la famosa actriz y modelo Isabella Rossellini (1952, Roma). En los últimos tiempos ha sido noticia por dos cuestiones bien dispares pero que están relacionadas. La marca de cosméticos Lancôme le ha ofrecido un nuevo contrato publicitario después de que cesaran sus relaciones hace 20 años cuando el departamento de marqueting consideró su rostro no tenía la edad idónea para representar productos de belleza. Hay quien dice que fue por los papeles transgresores que interpretaba. Tal vez pero ese mismo marqueting sabe ahora que el mercado también pertenece a las mujeres maduras que están orgullosas de serlo y que son dueñas de su vida. Volveremos sobre el tema. Lo que importa, según confesión de la propia Rossellini, es que la independencia económica que supone este nuevo contrato le ha permitido dedicarse más intensamente a su gran pasión: los animales. Para conocerles mejor se matriculó en un posgrado de Comportamiento Animal y Conservación en el Hunter College de Nueva York.  Y escribe sobre ellos. Había hecho sus pinitos como periodista (así conoció a uno de sus maridos, el director Martin Scorsese) pero ahora el objeto de su escritura es otro. Ha publicado My chickens and I (Abrahams Books, 2017) sobre la cría de aves. Y no solo eso. También escribe monólogos… precisamente nos disponíamos a ver uno de ellos.

 

Adiestrando la capacidad de comprensión

Esta noche el monólogo es en inglés, nos han comentado que interpreta el mismo texto en italiano. No importa mucho. Además de los subtítulos proyectados, la perfecta  declamación de la actriz y la claridad expositiva del texto permiten entender cada palabra.  En un abrir y cerrar de ojos estamos inmersos en el universo Link, link circus. Como Alícias que aparecen en el País de las Maravillas al caer por el hueco de una madriguera o tras atravesar la superficie de un espejo y, con la más pasmosa naturalidad, comienzan a vivir en ese universo paralelo.

Ayudada por el titiritero y adiestrador de perros Schuyler Beeman, y con el perrillo Pan (por Peter Pan de James Matthew Barrie) como partner Isabella Rossellini, interpretando a Isabella Rossellini, da comienzo a una divertida exposición de los hechos.

No os voy a hacer spoilers pero tampoco demoraré señalar el leitmotiv de la obra. Isabella sale y nos interpela con algo así como: “Miren, ahí están los animales. Tienen mucho que contarnos, que enseñarnos. Si lo desean, yo les daré algunas nociones para que puedan conocerles un poco mejor. No pretendo ni darles lecciones de ética, ni reclutarlos para una ONG que defienda los derechos de los animales, ni  sugerirles que adopten a un chimpancé. Solo quisiera que les observasen de vez en cuando”.

O sea que nos brinda la posibilidad de saber más sobre las bestias domésticas y las salvajes, lo aprendido y lo innato, los indicios de algo semejante a un pensamiento en el cerebro animal, más allá del alma, porque dándole en el morro al mismísimo Descartes, a la avispada actriz le preocupa más descubrir el secreto del talento de algunos animales que el secreto de sus almas. Y así mil temas más.

Yo, como espectadora interpelada, pienso: “A algunos os dará igual, otros lo encontraréis divertido, y a varios os reafirmará en el convencimiento de que los animales nos permiten repensarnos en cuanto a personas y habitantes de este planeta. No es que seamos responsables del mundo en el que vivimos, es que hemos sido, somos y seremos (si es que seguimos siendo algo en un futuro) respecto a cómo nos comportamos con él y lo que engloba”.

Más o menos esa es mi experiencia de Link, link, circus, además del subidón de ver a Isabella Rossellini a dos palmos de mí. Pero os puedo contar más cosas.

 

Green porno live onStage, los antecedentes

Este es su segundo espectáculo teatral en forma de monólogo. El anterior, Green Porno, Live onStage, exploraba los vericuetos del comportamiento sexual de los animales. Todo un icono de belleza, publicitaria y cinematográfica, se disfrazaba de gamba, de araña macho, de anchoa, de lombriz o de hámster… de lo que hiciera falta para explicar sus interesantes hábitos reproductivos y conseguir con ese “anzuelo” captar la atención del público sobre el mundo animal.

Se hallaba inmersa en sus estudios de biología, cuando comenzó a escribir y dirigir la serie de cortometrajes Green Porno para el canal de televisión Sundance, del director y actor estadounidense Robert Redford. Otra actriz amiga de Isabella, la francesa Carole Bouquet, le sugirió que esas pequeñas piezas eran ideales como trasunto teatral. Para llevar a cabo la empresa sabiamente, Isabella se rodeó de otros sabios como Jean-Claude Carrière y Muriel Mayette.  El tema era provocativo en cierta medida porque entre los llamados seres irracionales no existe el escándalo ni se cuestiona la libertad sexual ni hay tabús pero esos temas surgirían inevitablemente. El objetivo era dar un toque más filosófico y profundo a las observaciones científicas pero sin perder el tono cómico. Tanto en Green Porno como en Link, link, circus, el equilibrio entre la reflexión y la comicidad resulta básico.

La obra, que fue concebida para una pequeña gira por Francia, fue vista en 40 países a lo largo de dos años. También en España. En aquella ocasión, junio de 2015, se representó en los Teatros del Canal de Madrid agotando las localidades.

Ruth de las Heras Bretín escribía a propósito de aquella representación:

“El director de teatro Andrés Lima ha comparado la hámster de Rossellini con la Medea de Eurípides que dirige ahora en el Teatro de La Abadía de Madrid. Ambas matan a sus hijos, la roedora por una cuestión meramente práctica: por la supervivencia de las otras crías, para administrar los recursos. Lo hace sin ápice de culpabilidad. En el diálogo que director y actriz han mantenido la mañana de este jueves para presentar Green Porno, Live onStage, la obra que clausura la 32ª edición del Festival de Otoño a Primavera, Rossellini ha demostrado cómo los humanos se complican la vida con algo que en la naturaleza es mucho más sencillo: animales que nacen con un sexo y lo cambian en mitad de su vida, machos que mueren tras el acto sexual o que alojan en su cuerpo a sus crías, hermafroditas… Defiende la libertad, la falta de pudor, la ingenuidad, la pureza, pero manifiesta: “No intento dar lecciones a nadie. Me veo como una cómica. Hice esta serie sobre la vida sexual de los animales porque al gran público siempre le interesa el sexo. No creo que sobre el aparato digestivo hubiera tenido el mismo éxito”. (Isabella Rossellini y el sexo de los bichos. EL PAÍS. 4junio de 2015)

 

La compleja sexualidad de patos y patas con Isabella Rossellini en “Seduce me” uno de los cortos de Green Porno co-dirigido por Jody Shapiro y editado por Stacey Foster

 

Etológicamente hablando

Y como sois mucho de preguntaros cosas, os preguntareis de donde le viene a Isabella Rossellini está pasión animal. Ella nos ofrece en la obra algunas bucólicas escenas familiares que bien pudieron ser el origen de todo. Pero yo, que soy muy de leer, apuesto más por el regalo que le hiciera su padre cuando ella tenía catorce años. Un libro sobre comportamiento animal de Conrad Zacharias Lorenz médico austriaco y uno de los padres de la etología, que recibió el Premio Nobel en 1973 por sus investigaciones sobre el apego humano basadas en la observación de hembras de varias especies y sus crías. Para que no lo tengáis que buscar en la Wikipedia como he hecho yo, la etología es la rama de la biología que atiende al comportamiento animal en su medio natural.

 

Este episodio de Green Porn describe con naturalidad cómo las hembras de los hamsters devoran a algunas de sus crías. Isabella lo reutilizó en Link, link circus. La actriz tiene una hija natural, un hijo adoptivo y un nieto… y no se ha comido nunca a nadie.

Lo bonito del caso es que este hombre se interesó por la biología en su tierna infancia al leer las aventuras de los gansos salvajes y Nils Holgerson, un personaje de la también Premio Nobel  Selma Lagerlöf. Y lo más bonito todavía es que, gracias a al cajón de sastre que es Youtube, he podido ver la película Siamo donne (1953) en la que la madre de Isabella, la divina Ingrid Bergman, se las tiene con una gallina destroza rosales en el jardín de su casa que es particular.

 

A partir del minuto 37:37 podemos ver los apuros de la madre de Isabella con los plumíferos de corral

 

Una artista medioambiental hablando de Darwin, disfrazada de Darwin

Desde siglo I a.C. sabemos por Horacio que es posible prodesse et delectare, es decir, enseñar deleitando. Una maestra del entertainment como Isa no iba a dejar de aprovechar esa posibilidad para dulcemente, introducirnos en lo que considera útil. En su monólogo obtendremos información sobre la curiosa forma de los órganos reproductores de algunos animales, del  lenguaje corporal de las gallinas, de la capacidad de aprendizaje de los chimpancés.

A través de proyecciones, juguetes y los disfraces de la protagonista o de su perro, los animales van apareciendo en un escenario por el que también desfilan Aristóteles, C. G. Jung, Pávlov  y Darwin. Qué cara pondría el bueno de tío Charles al verse interpretado por la actriz sex symbol de toda una generación que la vio desnuda en Blue Velvet. Ahora aparece como un intelectual symbol capaz de desgranar los matices más sutiles de la teoría de la evolución y sus links con toda una serie de conocimientos que nos atañen como animales racionales encaramados en la cúspide de esa evolución.

Un libro de Darwin anterior a su obra más conocida, El origen de las especies, es el publicado en 1872 y que lleva por título La expresión de las emociones en el hombre y los animales. El famoso naturalista de la Beagle, examina las expresiones faciales y corporales que se corresponden con emociones positivas y negativas; desde las más básicas, alegría o miedo, a las más sofisticadas como desdén o vergüenza. Al establecer esos principios generales de las expresiones aplicó comparativas que hallaron puntos en común, no solo entre humanos, sino con animales de las más distintas especies. Y esas similitudes se hallaban tanto en las manifestaciones como en las motivaciones o la finalidad.

Sin ínfulas academicistas y en tono de pregonero o como una versión moderna de la literatura de cordel, la actriz medioambiental, como ella se autodenomina, ha buscado poner de manifiesto un puñado de conexiones evidentes entre los hombres y los animales.  Y para ello se mesa las barbas como un anciano científico porque ella ejerce de mujer que disfruta con la transmisión del saber, no a lo femmes savantes de Molière discurseando por vanidad, sino más bien a lo mujeres de los salones ilustrados del siglo XVIII: cultas, atrayentes y transformadoras.

 

La mujer ilustrada en su salón, perdón, la actriz en su escenario

 

Animalistas del mundo, keep calm

Creo que lo dijimos, la obra no pretende aleccionar sobre ningún tema ni convencernos de que los animales son más inteligentes que los humanos y algún día heredarán la  tierra. Aquí no hay una lectura a lo Planeta de los simios (“Yo os maldigo humanos, yo os maldigo”), ni a la salida nos entregan folletos de Greenpeace o de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).  Aquí hay un ejercicio de curiosidad, o sea una actitud científica, eso sí, con glamour, humor y amour. Los amantes de las fotos de gatitos tal vez lo pasen bien pero tal vez se desilusionen o se ofendan al oí hablar del apareamiento de las gambas. Seguidores incondicionales de la factoría Disney, abstenerse.

Aunque el hombre siga utilizando a los animales en su provecho, aunque estén muriendo las abejas por culpa de la contaminación, aunque los antitaurinos no logren al 100% sus objetivos o en China continúen comiendo perros existe una corriente a favor del buen trato a los animales, impensable, no ya en otros siglos, sino hace unos años. Pero dejad que os cuente, como anécdota curiosa, que la intervención de los perrillos de Isabella ha provocado el desagrado de algún colectivo animalista que es contrario a la utilización de animales en circos y teatros. Y la legislación les ampara en algunos lugares más que en otros. Veremos qué sucede con eso a lo largo de la gira mundial del espectáculo. Supongo que nada serio. Pero a la salida del teatro escuché a alguien señalar el hecho y escuché en la respuesta el chiste sobre la suerte del animalillo por estar cerca de una mujer tan guapa. Como lo escuché os lo cuento. Solo puedo decir que los dos canes que comparten cartel con la actriz están en las buenas manos de los expertos en animales adiestrados Schuyler Beeman y William Berloni.

En la rueda de prensa previa al estreno se dieron las explicaciones pertinentes sobre el trabajo con dos animales, tal y como se hace, salvando las distancias o lo que haya que salvar, con los niños pequeños en los rodajes de cine y televisión:  “El que sale al escenario, Minnie, que es ya un “artista” con experiencia en el musical Amy Helm en Philadelphia y entre bastidores estará Darcy, un perro que adoptó la actriz en una perrera en Estados Unidos, que está siendo adiestrado y que irrumpe en el escenario reclamando la atención de Rossellini.”

 

Isabella y la menopausia pero en realidad algo más importante

Descubierta por los grandes fotógrafos  Bruce Weber y Richard Avedon para el mundo de la moda, las declaraciones de la actriz y modelo al respecto de su belleza como instrumento de trabajo no pueden ser más claras:

“Me interesan las investigaciones que los publicitarios hacen para tratar de entender este misterio. Yo aparecí 23 veces en la portada de Vogue. Hubo un año en que me sacaron en cuatro portadas seguidas. Les pregunté el porqué, y su respuesta: «Porque tu cara vende ejemplares de la revista». Por supuesto, no tenían la más remota idea de por qué mi cara vendía tantos ejemplares. Por su parte, los estudios de marketing de Lancôme indicaban que mi imagen no intimidaba a las mujeres. Hay un tipo de belleza que parece atraer a las mujeres más que a los hombres, y eso era lo que yo tenía. Y voy a decir una cosa: cuando empecé como modelo, mi única responsabilidad era la de ser guapa y anónima”.

Ya hemos explicado su ruptura con la marca de maquillaje Lancôme. Entonces pasó a trabajar para la competencia, Lancaster, y hasta tuvo su propia línea, Manifiesto. No es aquí el lugar de ampliar ese tema. Ella lo zanjó con una gran frase: “En realidad, dejé de preocuparme por la belleza. No por mi belleza, sino por aparentarla”. (EL PAIS, Gregorio Belinchón, 24 de marzo, 2012) Hoy solo parece interesada en ser quien es.

Pero cada vez que aparece en una película, como la que protagonizó junto a William Hurt, Tres veces 20 años (Julie Gavras, 2012), o estrena una obra de teatro como la que nos ocupa, su aura de belleza la precede y, automáticamente, surge el tema de la edad, el fantasma de la vejez. Con la resolución de quien se ha enfrentado a muchos tabús, incomodidades y situaciones límite (ella tendría mucho de decir del #metoo pero dice lo justo y necesario), Rossellini propone la integración de la edad y su disfrute quebrando ese espejito mágico que ha llevado a otras al quirófano o a la depresión. Casi siempre a las dos cosas.

Lo cómoda y natural que aparece tanto en Green porno como en Link, Link circus, tanto en hablar de lo que sucede en los seres vivos tanto de cintura para abajo como de cintura para arriba (admítanme cintura así como para entendernos), revela que hay en ella una facilidad innata para prescindir del sentido del ridículo sin perder la elegancia y por eso la obra concluye con un desnudo de mentirijilla (¿os acordáis del traje a piezas del que os hablaba al principio?). Tal cual: un desnudo de tela con pezones y pubis de fieltro. Un golpe de velcro asestado justo en el momento en que el subconsciente charla con el perro Pan sobre la menopausia. Eso es como romper el mito de la bella y la bestia (lo bello y lo bestial que hay en nosotros) de un tirón. Y resulta que sí, que de nuevo algo la hace irresistible; tal vez, ese punto gamberro en su condición de mujer madura.

 

Rossellini – Torlonia, tándem akadémico

Isabella, mujer sabia como no nos cansamos de repetir, se sabe rodear de gente genial y, a veces, hasta generosa. Habiendo sido hija de, habiendo trabajado para o habiendo sido pareja de grandes personalidades del espectáculo (Roberto Rossellini, Ingrid Bergman, Martin Scorsese, David Lynch, Gay Oldman… etc.)  esta chica de rasgos perfectos y dulce actitud ha tenido que componérselas para encontrar su lugar en el mundo, en la escena, en sí misma.

Con poco más de 20 años actuó en Nina, de Vicente Minelli, luego la llamaron los hermanos Taviani para El prado. Vivió un choque electrizante con David Lynch  y rodó con él su primer éxito y su primer escándalo cinematográficos Blue Velvet y más tarde Corazón salvaje. Siguieron hasta una cincuentena de films y series, documentales, (https://www.imdb.com/name/nm0000618/) representaciones… una trayectoria profesional notable. ¿Pero cuánta cantidad de Isabella había en cada una de estas fórmulas? Tal vez nunca tanta como ahora, cuando no es alguien disponible para la creatividad ajena.

En esta obra Guido Torlonia, actual director artístico del teatro Akadèmia de Barcelona, ha tenido mucho que ver en todo lo que concierne a la última aventura de la actriz, con la realización y el acuerdo de co-producción con el teatro. El director es un viejo amigo de la actriz y no dudó en proponerle estrenar en el escenario de la Akadèmia donde, desde abril del año pasado, ha desplegado una programación más que interesante para este teatro de pequeño formato pero grandes esperanzas. Así me lo pareció al asistir a una de las varias sesiones dedicadas al recuerdo de su maestro Giorgio Strehler.

Pero volvamos a Link, link… para decir cuándo y cómo estará próximamente en otros escenarios. Al mes siguiente del estreno barcelonés, la obra visitó el Baryshnikov Arts Center de Manhattan, después Los Ángeles, se ha previsto Brasil y de regreso al Viejo Continente deleitará espectadores en Francia. Por el momento, las nuevas cita para España serán, el otoño próximo,  en el Teatro Calderón de Valladolid y de nuevo en el Teatre Akadèmia de Barcelona.

 

Coda final, con Gloria Fuertes y Félix Rodríguez de la Fuente

¿A quién no le gustaría tener cosas en común con esta maravillosa mujer? Tengo alguna. Cuenta que cuando era pequeña su madre le hizo un dibujo para mostrarle cómo venían los niños al mundo.  A mí mi padre me lo explicó aprovechando un documental de Félix Rodríguez de la Fuente, ante la cara de estupor de mi madre que hubiera preferido que me lo explicaran en el colegio de monjas carísimo en el que me matriculó. Como si aquellas monjas estuvieran por la labor en vez de por las labores. Pero en otras cosas… ay, Isabella tiene mucho más en común con la escritora Gloria Fuertes, gran amante de los animales, que conmigo. Yo desconfío de la célebre poetisa, de su incruento mosquito pacifista en Mosca y mosquito:

Soy una mosca,

me quiero casar

con un mosquito

que sepa volar.

—Soy un mosquito,

me quiero casar

con una mosca

que sepa bailar.

—Soy una mosca

que sabe bailar,

y el violín también sé tocar.

—Ti—ri—ri—rí,

ti—ri—ri—rá;

con mis patitas

yo llevo el compás.

—Soy un mosquito,

ti—ti—ri—rí;

a nadie pico,

y vivo feliz.

A Isabella le interesan las investigaciones de Menno Schilthuizen sobre los mosquitos en el metro de Londres que, al parecer, pasan de la primavera y se reproducen en cualquier momento de año. Maldita sea. Amo a los animales, Isa, pero detesto a los mosquitos por interesantes que sean. Cómo los detesto.

 

El objetivo A de Isabella. La mujer sabia conoce perfectamente los dos niveles de su discurso teatral: el

público  hace jajajaja pero after  también exclama aaaah o aja.